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 RODRIGO DÍAZ DE VIVAR, EL CID CAMPEADOR

 BIOGRAFÍAS

 

 

Estatua ecuestre del Cid.

Prototipo del caballero castellano, don Rodrigo Díaz, o Ruy Díaz, nació en la localidad de Vivar en las cercanías de la ciudad de Burgos en una fecha imprecisa entre 1030 y 1043. Desde muy joven entró a formar parte de la corte del rey Fernando I de Castilla, siendo educado como caballero junto a los infantes de León en Zamora bajo la autoridad de don Arias Gonzalo, a la sazón alcaide de la ciudad, residiendo en su palacio hoy en día conocido como Casa del Cid. También en Zamora, fue armado caballero en la primitiva iglesia de Santiago de los Caballeros donde, según reza en el Cantar, fue calzado con espuela de oro por la infanta doña Urraca, porque fueras mas honrado, promotora de la obra de San Isidoro de León, que durante el Cerco de Zamora le espetó: casaste con hija de vasallo, pudiendo hacerlo con la de soberano, razón por la cual se les ha venido atribuyendo un romance de juventud.

Puerta de Doña Urraca en Zamora desde la que Doña Urraca se dirigió al Cid.

Tras la muerte del rey Fernando I, Rodrigo Díaz entró al servicio del nuevo rey de Castilla Sancho II, su fiel amigo desde la infancia quien le nombró alférez real; tras el reparto que el anterior rey había hecho entre sus 5 hijos, Sancho II comenzó la guerra contra sus hermanos Alfonso y García para desposeerlos de los reinos de Galicia y León, en la creencia de que él debía ser el único heredero de los territorios por ser el primogénito entre los varones. Así, en 1072, el rey Sancho y sus huestes llegaron hasta Zamora,, en poder de la infanta Urraca, para tomarla como ya había hecho con el resto de territorios de sus otros tres hermanos, pero aquí no corrió la misma suerte y fue asesinado en las proximidades de la ciudad por el alevoso Bellido Dolfos durante el Cerco de Zamora; tras este suceso, fue sucedido en el trono por su hermano Alfonso VI, quien se vio obligado por Rodrigo Díaz a jurar en dos ocasiones, una en secreto en la iglesia de Santiago de los Caballeros de Zamora, y otra oficialmente en Santa Gadea de Burgos, que no había tomado parte en la muerte de su hermano Sancho; esto le granjeó la enemistad de Alfonso VI, quien le desterró en dos ocasiones debido a los encontronazos que tuvieron al tratarse de dos personalidades fuertes, y siempre bajo la sombra de los juramentos que habían herido el orgullo del nuevo rey.

Casa del Cid en Zamora

A pesar de ello, en 1074, Alfonso VI le permitió que se casara con Jimena Díaz, hija del conde de Oviedo y parienta del monarca. De aquel matrimonio queda como testimonio la carta de Arras conservada en el Archivo de la Catedral de Burgos; está escrita en latín y fechada en el año 1074. Se cree que se casaron en Palencia, en la iglesia de San Miguel, ya que la esposa tenía propiedades en la localidad de Villajimena, próxima a la capital palentina. Este documento recoge con todo lujo de detalle las propiedades que se mandaron el uno al otro.

Iglesia de Santiago de los Caballeros, Zamora, en donde fue armado caballero.

El primero de los destierros de Rodrigo tuvo lugar en 1081, tomando como pretexto una incursión del caballero contra los moros de Toledo, viéndose obligado a marchar junto con sus huestes a la corte del rey moro de la taifa de  Zaragoza, a cuyo servicio guerreó, debemos tener en cuenta que en aquella época de incertidumbre política los caballeros se ponían al servicio del mejor postor, es decir, que aunque estemos hablando del más importante héroe castellano, éste, al igual que muchos otros guerreros de la época tanto cristianos como musulmanes, no fue más que un mercenario, lo cual no le resta valor alguno, de hecho debido a sus victorias fue apodado por el rey Al-Mutamin de la taifa zaragozana como el Cid, sid: león en lengua árabe, además de pasar a la historia como esforzadísimo varón, espanto y terror de los moros. Durante este período del destierro en Zaragoza luchó contra el rey moro de Lérida, quien estaba apoyado por Ramón Berenguer II; ambos fueron capturados en 1082, aunque a los pocos días, el ya bautizado como Cid, los dejó en libertad.

Más tarde, tras la derrota del ejército de Alfonso VI en Sagrajas, el monarca se decidió a levantar el destierro al Cid, quien regresó y se encargó de someter a tributo el reino de Valencia. Sin embargo, en  el año 1089 fue desterrado nuevamente por llegar con retraso en ayuda del rey que se disponía a auxiliar el castillo de Aledo; entonces marchó a luchar, otra vez, contra el reino de Lérida, enfrentándose una vez más al conde de Barcelona en la batalla del pinar de Tévar en el año 1090. Tras ello, el Cid dirigió su interés hacia Levante y en 1094 tomó la ciudad de Valencia, que puso bajo el señorío del rey castellano.

Monasterio de San Pedro de Cardeña, Burgos.

En 1098, el Cid acordó el matrimonio de sus dos hijas, conocidas a través de poemas épicos como doña Elvira y doña Sol, ultrajadas por sus primeros maridos los condes de Carrión; en la realidad se llamaban María, que casó con Ramón Berenguer III conde de Barcelona, y Cristina, la mayor, casada con el infante Ramiro de Navarra. Al año siguiente murió en Valencia, y según cuenta la tradición en esa misma ciudad venció a las tropas musulmanas una vez muerto a lomos de su caballo Babieca. Doña Jimena mantuvo durante tres años más el dominio castellano sobre la ciudad de Valencia, que en 1102 fue evacuada por el rey Alfonso VI tras ver que era imposible seguir defendiéndola. Entonces los restos del Cid fueron trasladados hasta el monasterio burgalés de San Pedro de Cardeña, donde permanecieron durante 700 años y donde se fundó el panteón familiar, visitable en la actualidad; la preferencia por este monasterio se debe a que durante su destierro el Cid encomendó el cuidado de su esposa e hijas a los monjes del mismo.  En la actualidad la tumba del Cid y de su esposa se encuentra en el centro de la nave mayor de la Catedral de Burgos,  donde descansan desde el año 1921, en que fueron trasladados desde el Ayuntamiento, lugar en el que estuvieron depositados 85 años. En la inscripción de la tumba, redactada por Menéndez Pidal, encargado a su vez de recopilar las diferentes versiones de los cantares de época medieval, se puede leer:  a todos alcanza honra por el que en buena hora nació.

Como curiosidad y síntoma de la relevancia de este personaje, hoy en día se conserva un hueso del antebrazo izquierdo del Cid en el Ayuntamiento de Burgos dentro de una arqueta como si de una reliquia se tratara; éste fue sustraído por un cirujano al hacer el inventario para el traslado de sus restos desde el monasterio de San Pedro de Cardeña hasta Burgos en el año 1809; quedó fuera de la sepultura de la Catedral porque durante la Guerra de Independencia fue llevado a Francia por las tropas napoleónicas, no siendo devuelto hasta 1930. Gracias a este brazo se sabe que el Cid fue un hombre fornido de estatura normal, tirando a bajito, tal y como se le ha venido representando en diversas obras plásticas.

Para terminar hay que señalar que las proezas de este caballero fueron recogidas en diversos poemas épicos tanto de España como del extranjero; así aparece en el Romancero, en el Cantar del Mío Cid o en el Cantar del Cerco de Zamora. Además, el autor francés Corneille, inspirándose en Las mocedades del Cid de Guillén de Castro, escritas en 1636, compuso una de sus más famosas tragedias.

 

© L. Illana Gutiérrez y A. Fdez Ferrero    

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